Saturday, October 24, 2009

Zamora: Joya arquitectónica





















Zamora cuenta con 19 edificios modernistas, de los cuales, 14 están firmados por el prestigioso arquitecto catalán Francisco Ferriol, al que se dedicará una calle.
Los expertos valoran la calidad de todos estos edificios y la rareza de que en un mismo casco urbano haya ejemplos de dos corrientes del estilo modernista: el modernismo catalán y el modernismo secesionista.

Estas circunstancias han hecho que Zamora se haya incorporado a la Red de Ciudades Modernistas de Europa entre las que figuran: Comillas, donde se encuentra "El Capricho" de Gaudí, Moscú, Paris, Budapest y, por supuesto, Barcelona, cuna del modernismo en España.

A partir de este momento, se abren para la capital zamorana importantes posibilidades de promoción para que se conozca en el mundo la relevante arquitectura modernista de la ciudad. Y lo más importante, para que los propios zamoranos conozcan, valoren y amen, todavía más, su propio patrimonio.

Sunday, October 11, 2009

Por aquí, tan cerca




En el interior de la Caldera de Dagda: buscando salud eterna?



















Entre pétreas rocas, Octubre radiante, perezozo, sin ganas de despedir el verano, las horas se alargan con la misma lasitud que el Esla se acomoda en su lecho de agua.

Tan amable el día, tan luminoso. Tan quieta el alma y la conversación mientras habla el paisaje: hablan las piedras, se insinúan, susurran al oído mientras el viento acaricia el corazón de piedra, mientras me acaricia.

Así la jornada, así las horas en alegre compañía.

Wednesday, July 22, 2009

Coria (Cáceres)















Poco, o nada, sabía yo de Coria, salvo que una amiga de juventud era de allí oriunda y, cómo no, había oído hablar de su famoso Bobo, “El Bobo de Coria” como de otra no menos famosa: “La Dolores de Calatayud”. Apenas nada.
Por eso, al arribar a Coria, quise saber quién era aquél bobo tan mentado, siendo así que descubrí todo lo que hay que saber del susodicho. Al parecer, a decir de algunos, su nombre era Juan Calabazas o Juan Calabacillas, aunque la versión más creíble dice que el verdadero nombre del Bobo de Coria era Juan Martín.

El “Bobo de Coria” era un discapacitado mental y físico, (un “cretino”, como se le denominaba en aquellos tiempos), pero tan simpático y atinado que formó parte del séquito del Duque de Alba, que por su título de Marqués de Coria, era señor de aquella población. Y tanto agradó a Felipe IV, que tuvo que cedérselo el Duque entrando a formar parte de la Casa Real y de la servidumbre. El Bobo, no tanto, recababa información, chascarrillos de unos y de otros, teniendo informado al Duque de lo que se decía de él, sabiendo así quiénes eran sus fieles o sus traidores. Una bonita historia que cualquier cauriense se complace en referir.

Coria es una de las principales poblaciones de la Alta Extremadura. Se sitúa a la derecha del río Alagón el que ha propiciado importantes asentamientos humanos, desde el Paleolítico. Río vigoroso por el que, hoy, se pueden escrutar sus orillas en frágiles canoas, salvando benévolos rápidos que hacen las delicias de quienes se atreven a dejarse llevar por sus aguas.

Su recinto amurallado, construido entre los siglos IV y V, constituye uno de los monumentos más destacados de Coria. Sus puertas, la de la Guía y la de San Pedro, conservan todavía parámetros romanos.

Destaca, cómo no, el palacio del Duque de Alba, en el que se puede contemplar un mirador renacentista formando una elegante columnata jónica con balaustrada. El Palacio Episcopal, del siglo XVII, la Cárcel Real o la Iglesia de Santiago, ambas del XVII y un gran elenco de nobles edificios que conforman el singular patrimonio artístico de Coria.

A Coria se llega por innumerables razones pero, tal vez, lo más celebrado sean sus fiestas, sus costumbres, su forma de vivir las celebraciones, como, por ejemplo, los encierros, “encerrar al toro”. Esta tradición, aunque sus orígenes se remontan a época de los vetones, hay que datarla cuando el Duque de Alba compra el condado de Coria al clavero de la orden de Alcántara allá por el siglo XV. Es a partir de ese momento cuando la casa de Alba regala un toro para que sea corrido y toreado por los mozos del pueblo.

En la actualidad, el día del Corpus, la corporación municipal nombra a un Abanderado, quién lanza el primer cohete señalando que comienza la fiesta.
A partir de ese momento, Coria entera ya está preparada para vivir sus momentos más emocionantes.

El día 23, el Abanderado prende fuego al “capazo” y comienza el ritual de fuego y toro que culmina cuando el toro irrumpe, acompañado de las vacas, en la plaza, llenando de tensión al respetable que abarrota los lugares del barrio viejo, por donde pasará la manada.

Coria tiene una gran tradición taurina. Su tierra, donde abundan las dehesas, como en toda Extremadura, presume de criar los toros más famosos del mundo como los “vitorinos” a los que dan nombre, Victorino Martín, hombre afable y sencillo, a decir de quiénes bien le conocen, que muestra a quien se lo solicita su museo privado. Allí, entre miles de trofeos y galardones de todo el mundo, se puede ver, disecado, al toro " Belador", el único toro indultado en la Plaza de las Ventas de Madrid, lidiado por Ortega Cano, en la feria de San Isidro de 1982. Un ejemplar bello, como es este animal ibérico, al que muchos, sólo le sitúan en el campo, siempre fuera de las plazas. Pero ya se sabe que el mundo del toro es controvertido y cuestionado.

Al margen de las tradiciones taurinas, Coria también cuenta con una actividad cultural notable donde no faltan los conciertos y representaciones a lo largo de todo el año, de la mano de los artistas más renombrados. Sus museos, como el catedralicio, albergan numerosos tesoros como es el famoso mantel de la Última Cena o la colección de frescos de la escuela de Rubens.

Sin duda, es un lugar que hay que conocer para descubrir su historia, su cultura y sus curiosas tradiciones. Y al margen de todo ello, Coria también es un ejemplo a seguir, ya que, al contrario de lo que ocurre en otras localidades españolas, que ven disminuir su población, según un estudio de “La Caixa”, la provincia de Cáceres crece en estos últimos años, siendo Coria, entre otras importantes poblaciones cacereñas, la que lo ha hecho en un 8,6 por ciento, por mor de haber sabido potenciar sus recursos y transformar sus costumbres para adaptarlas a los tiempos modernos.

El viaje, celebrado los días, 17,18 y 19 del pasado julio, fue organizado por: www.extremadura.com de la mano de Alejandro Barredo, su principal responsable. Al mismo, asistieron diferentes periodistas de distintos puntos de España.

Sunday, July 19, 2009

Paisaje pétreo en Muelas del Pan (Zamora)


































Apenas una suave brisa, el placer de dejar discurrir la imaginación mientras la mirada va saltando de acá para allá buscando las formas, intentando descubrir algún fantasma perdido en el tiempo, dejado atrás hace mucho tiempo.

Este lugar es el lugar. Siempre tenemos un lugar que hemos diseñado con placer y detenimiento. Ese lugar al que siempre se desea volver. Ese lugar donde las piedras se acarician... se besan..., tal es su vida, tal es su fuerza. Un lugar al que se desea volver, una y otra vez.


Un año más. Un verano más. Y todo en el mismo lugar, en el punto exacto donde lo dejé. En aquél instante en que el aroma del paisaje llenaba mis pulmones. En el instante en el que dejé que se embriagaran mis sentimintos. Hoy he vuelto a sentir aquél aroma, aquella sensación tan especial, aquella brisa que permanece indeleble a través de los años. Como el amor eterno.

Un año más.

Saturday, July 04, 2009

Lituania




Casas de Nida (Néringa)








Imágenes de Kaunas

Antiguo cuartel de la KGB, en Vilnius



Castillo de Trakai







Imágenes de Vilnius


Lituania es el mayor de los mini-estados bálticos. Sus más de 700 ríos y arroyos, alimentan bosques y cerca de 300 lagos. El río Nemunas atraviesa el país de este a oeste y todavía, hoy, sigue siendo una importante ruta de transporte.

Su población es de 3.646.O41 habitantes, siendo Vilnius su capital, con 579.000
(1.999)

Existe una hermosa leyenda sobre la fundación de Vilnius. Cuentan que en 1320, el Gran Duque Gediminas, tras una dura jornada de caza, mientras dormia, soñó con un lobo de hierro que aulló con la voz de cien lobos. Se dice que el lobo ordenó al Gran Duque que construyera una ciudad tan poderosa como su propio aullido. Sin embargo, cuenta la historia que mucho antes de esta época, Vilnius ya era un importante centro comercial y político gracias al acceso del Río Neris al Mar Báltico y al Mar Negro.


Lo cierto es que entra la leyenda y la historia Vilnius es una ciudad colorista y singular donde la cultura y el arte llevan al viajero a no pocas sorpresas. Su casco històrico es uno de los mejores conservados de Europa Oriental y ha sido declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad desde 1994.

Pasear por sus estrechas calles es revivir el pasado de una historia que se refleja en cada rincón, en sus patios cerrados, en sus palacios, en su riquísima y variada arquitectura, donde el barroco, el gótico o el renacentista compiten en belleza y elegancia. Es famosa su catedral y la torre de Gedimino que luce bajo el sol de la primavera lituana, como lucen de la misma forma las fachadas de los palacios y las mansiones de los duques lituanos.

Precisamente, este mismo año de 2009. Vilnius ha sido Capital Cultural de Europa por haber sabido aunar la tradición cultural europea adaptándola a los nuevos retos. También, en este mismo año, se celebra el milésimo aniversario de la primera mención del nombre de Lituania.

La singularidad de esta ciudad queda patente de diferentes maneras. Pasenado por las orillas del río Neris, el curioso disfrutará del juramento de amor de las dos orillas. Descubrirá cómo se dice "te quiero" en lituano (As tave myliu) y la esperada respuesta del amado "y yo a ti" (Ir as tave). Tan romántica idea se debe al original artista Gytenis Umbrosas que hizo sembrar a uno y otro lado del río estas lecturas con flores rojas sobre el verde cesped. Así surgieron "Las Orillas del Amor".

Y nos sorprenderá Trakai, la antigua capital del Gran Ducdo de Lituania y su romántico Castillo de ladrillo rojo construido en el siglo XIV en una isla del lago Galve. Un lugar de esparcimiento donde los paseos en barca o entre el bosque circundante colmarán los deseos de los más exigentes. El lugar es como las imágenes que ilustraban aquellos cuentos de hadas que nos hacían soñar.

Kaunas es la segunda ciudad de Lituania. Está situada en la confluencia de los dos ríos más largos del país, Nemunas y Neris. Allí se elevan las ruinas del castillo de Kaunas que fue reconstruido a principios del siglo XIV para rechazar los ataques teutónicos. Está construido en ladrillo y es de estilo gótico, una impresionante joya arquitectónica que cuenta con dos hileras de murallas defensivas. A sus alrededores se alojaba la gente por eso, con el tiempo, el pueblo se convirtió en la ciudad de Kaunas que hoy podemos disfrutar. Otros monumentos de interés de de gran belleza son, su Catedral de estilo gótico, la Casa de Perkünas, que se así se denomina porque en una de sus paredes fue encontrada la estatua del dios pagano. La Iglesia de Vytautas, también construida en ladrillo y de estilo gótico perteneció a los monjes franciscanos y en tiempo de las guerras napoleónicas existió un almacén de munición. Aquí está enterrado el escritor canónigo J.Tumas-Vaizgantas.

Neringa, maravilla de la naturaleza e incluida, también, en la lista del Patrimonio Mundial, se encuentra en un insólito paisaje donde nos vamos a encontrar con la duna de Parnidis, que tiene una una altura de 52 metros, coronada por un enorme reloj de sol en piedra cuyo gnomon ha sido derribado por el viento para demostrar que los elementos, cuando quieren, siempre vencen al hombre. Los pescadores, aquellos primeros habitantes originarios de la Península de Curonia, tenían la costumbre de instalar una veleta en el punto de la costa donde “aparcaban” sus barcos. Aún se pueden contemplar, hoy, muchas de estas casitas adornando sus tejados con sus veletas, todas diferentes. En una de ellas, a la que se accede por una desgastada escalinata de madera, para nuestra sorpresa, la Casa Museo de Thomas Mann, el famoso escritor de “La Caída. Allí los recuerdos y objetos personales del escritor, sus fotografías, sus manuscritos. Un momento evocador para sus lectores.

Y el valle o colina de las Cruces, sorprendente y extraño. Y el Museo del Diablo. Y la República de Uzupis, un lugar para ejercer el arte en libertad y sin limitaciones.
Y, cómo no, el Museo del Ámbar.

Lituania nos sorprenderá siempre, por sus paisajes, por su arquitectura, por su actividad cultural, por sus artistas, por su gastronomía, por su limpieza, por su orden, por la belleza y elegancia de sus mujeres y, sobre todo, por ese amor y respeto ilimitado de los lituanos hacia sus costumbres y tradiciones que lo demuestran constantemente con su actitud patriótica.

Monday, May 11, 2009

AMORGÓS (Grecia)
























La isla de Amorgós es una isla pequeña y desde el siglo tercero, antes de nuestra era, la población -y todo lo demás- no ha hecho más que descender. La isla y sus tres ciudades-estado (en especial Minoa, ciudad mágica escondida en un cerro sobre la bahía de Katapola) fueron uno de los puntales de la civilización cicládica, la de las estatuillas finas que -imitando a Modigliani antes de que naciera- se amontonaban en el islote de Kora (a un tiro de piedra de Amorgós, un mini Delfos, como todo, antes del nombre). Amorgos es la más occidental del grupo de las Cicladas y la más cercana al archipiélago vecino del Dodecaneso, situada al sudeste de Naxos, a 138 millas marinas del puerto del Pireo. Tiene una superficie de 121 Km. y 112 km de costa. Su población era de 1.800 habitantes en 1995. Tiene dos puertos, ambos en la costa, enfrente de Naxos: Katàpola al oeste y Egiali al este. El punto más alto está en el extremo este de la isla, en la cima del Kríkelo (821 m). La capital de la isla es Amorgos, o Khora, situada en el interior, a 320 metros por encima de Katàpola. El Monte Krikellos al este de Egiali culmina a 821 metros. Amorgos ha sido siempre considerada como una «isla estéril». Homero decía de ella que era una «isla desnuda».
Su lugar más conocido es el pequeño monasterio de Khozoviótissa, fundado en el siglo XI, que cuelga en medio de un acantilado a 300 metros sobre el mar, en la costa este y que aparece en la película El gran zul.
Como en todas estas islas el paisaje aquí es rudo, seco y árido en verano. Nada que ver con lo que contaban las crónicas, pues en la antigüedad, Amorgós fue famosa por su aceite de oliva, su vino y sus túnicas. Desde hace un par de siglos lo es también por las mujeres. las túnicas de Minoa eran púrpuras, del color de la cochinilla hervida, y tan finas que parecían transparentes. Vides quedan pocas y olivos menos.

El caso es que la geografía marca y Amorgos siempre ha tenido la única bahía de esa zona del mundo a salvo por completo de cualquier tormenta. Eso, que parecería una bendición, fue en verdad su perdición. Sucesivas oleadas de piratas, de todas las naciones, se han ido cebando constantemente con la isla a lo largo de la historia. Romanos, egipcios, turcos, venecianos y hasta catalanes. Todos se han dedicado a arrasar el islote, lo que le confiere marcado carácter. Los lugareños acostumbraron a esconderse, a no esperar nada bueno de fuera y a vivir una vida concentrada, resistente a los saqueos. Eso, con el tiempo, como suele suceder, se ha convertido en una bendición. Y con todo ello se encuentra el viajero cuando se recala en la isla.

En el ferry de la compañía “Blue Star” que nos trasladó desde el Pireo hasta el puerto de Aegialis en Amorgós, pudimos disfrutar de siete horas de navegación, donde la brisa del Egeo y la suave música que siempre nos acompañó fueron testigos fieles de la travesía, compartida con gentes variopintas: turistas de diferentes nacionalidades, familias al completo, niños y adolescentes, jóvenes con mochilas, hasta un numeroso grupo de popes ortodoxos que abandonaron el barco al llegar a Naxos. Estos sacerdotes llaman poderosamente la atención por sus negras sotanas, por sus gorros cilíndricos, por sus barbas enmarcándoles el rostro, por su actitud beatífica y cordial. El viaje en el barco, en suma, hasta llegar a Amorgós, nos sirvió para descansar y para tomar el pulso social a las gentes de estas islas.


Por fin, ya noche cerrada, recalamos en Amorgós. Nos esperaba un microbús que nos condujo por una empinada carretera hasta el hotel Aegialis Spa. Enseguida comprobamos que algunas de las personas que viajaban en el barco, con las que habíamos compartido momentos en el restaurante, en cubierta y en las salas de descanso, nos acompañaban en el bus. Al llegar al hotel, nos esperaba nuestra anfitriona y responsable del “7º International Meeting of Cultura and Tourism”, Irene Giannakopoulos que, junto al personal del hotel, nos obsequiaron amablemente con viandas típicas y refrescos, al tiempo que nos fue presentando, uno por uno, a todos los asistentes, procedentes de Finlandia, Francia, Polonia, Italia, Holanda, Bélgica, Bosnia, Estados Unidos, Portugal y al grupo de los ocho españoles. Junto a Irene, Ana, guía y compañera, abierta y comunicativa, la que en todo momento atendió cada una de nuestras sugerencias o curiosidades. Hay que destacar la personalidad de las mujeres griegas, su belleza natural, su fuerza, su carácter firme y tierno a la vez. Se muestran resolutas, seguras de sí mismas, tal vez, avaladas por aquél matriarcado de épocas pretéritas, cuyos valores típicos pacifistas, avalaban a las sociedades agrícolas, en contraposición con la sociedad patriarcal cuyos valor principal era la agresividad, a decir de los mitos que narraban los enfrentamientos entre ambas sociedades, cuando a las mujeres se les infligían castigos y éstas luchaban con ahínco por conservar su conducta autónoma. Tal vez, a las mujeres griegas de hoy les sobran arrestos para enarbolar el poder que se les arrebató y por eso se muestran en la actualidad, como verdaderas diosas del siglo veintiuno

La primera visita fue al Monasterio de Panagia Hozoviostissa, uno de los más impresionantes de Grecia y una de las más antiguas construcciones de las Cícladas. Fue fundado en 1017 por el emperador bizantino Alejo I Comneno, siendo restaurado por el mismo en 1.088. Cuentan que el monasterio se creó para salvar un icono de los iconoclastas, por una mujer muy piadosa, natural de Khozova, una ciudad de Tierra Santa todavía no identificada. Está construido literalmente en el flanco de un acantilado, a 300 metros sobre el mar. Su ancho, por un lado no tiene más de cinco metros y lo más estrecho 1,50. Medidas que contrastan con la grandiosa y espectacular fachada, blanquísima, que parece adosada al farallón. La capilla fue instalada en una de las infraestructuras de la roca. Tournefort, en su Voyage d'un botaniste (1700) dice que «parece de lejos un armario aplicado hacia abajo de una roca espantosa, cortada naturalmente a plomo». Se estima que un centenar de monjes podían alojarse aquí. En 1989, no había más que dos. Después de las evoluciones políticas de Europa del Este, numerosos jóvenes monjes de origen ruso se han instalado en Amorgos, como en otros monasterios de Grecia. El monasterio, cuyos muros son de una extremada blancura, tiene el aspecto de una fortaleza y está declarado por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad. Para acceder al mismo hay que salvar 300 escalones.

Los numerosos pueblecitos que visitamos, de casas balanquísimas son todas de corte sencillo y de una o dos plantas. Las puertas y las ventanas están pintadas de azul añil, como en Túnez, –dicen- para ahuyentar a los insectos. Todos estos pueblos se hallan esparcidos sobre el paisaje montañoso y divagar por sus calles, todas escalonadas y muchas de ellas pintadas de cal como las casas, con motivos florales, resulta un espectáculo deslumbrante, por su sencillez y belleza al mismo tiempo. Algunos establecimientos de bares o restaurantes dejaban escapar de su interior música de jazz o ritmos griegos. Las tiendas con artesanía popular y pequeños recuerdos exhibían sus escaparates intentando llamar la atención aunque en esta época primaveral, el turismo todavía no ha hecho su presencia en la isla. Se puede saborear el café griego, bien cargado y sin azúcar: “ Póla varis kai óki”, o el café muy hervido y dulce, “Glikibrastós”. La taza pequeña para tomar el café se llama “Flitsanáki”, y la cucharilla es “Kutaláki”. Al momento de hervirlo, se forma una capa espesa de espuma que identifica al verdadero café griego, y que se denomina “Kaimáki” Todo hay que decirlo. El café que se toma en Grecia, al menos en Amorgós, es el más caro de Europa. Dos ochenta euros, o tres, depende del lugar. Aprendimos a decir: parakaló (por favor) y efcharisto (gracias). Hay que reconocer que el idioma ofrece serias dificultades.
Transitar por Amorgós, es subir o bajar, cruzarse en el camino con hombres rudos o mujeres ancianas, vestidas de negro y con sus pañuelos cubriéndoles el cabello, blancos y rematados con encaje del mismo color. Muchas de estas mujeres recuerdan a las de nuestros pueblos allá por los años cuarenta o cincuenta, a las que la moda no les afectaba para nada y pasaban la vida con un atuendo para los días de labor y otro que se reservaba para los domingos y fiestas de guardar. Algunas, incluso, hasta conservaban, como oro en paño, el que les serviría de mortaja. Las chicas jóvenes, sin embargo, en nada difieren de cualquier chica de España, Portugal o Francia, ni por la vestimenta ni por los rasgos, tan mediterráneas, tan abiertas y comunicativas. También pudimos admirar algunos molinos, semejantes a los de Mikonos, pero al contrario que éstos que se encuentran al borde del mar, los de Amorgós se ubican en lo más alto de la montaña donde el viento azota de tal forma que hay que pisar el terreno con fuerza para no ser derribado.
En Grecia y en Amorgós, todo es paisaje, todo es naturaleza deslumbrante donde el mar Egeo y el cielo compiten con su azul brillante. Los montes preñados de primavera nos ofrecían una alfombra floral donde enormes margaritas y brillantes amapolas nos salían al paso. Y en medio de este espectáculo, caminando en hilera por caminos y vericuetos sobre las laderas de los montes, accedimos a un interesante yacimiento en el que se trabaja para reconstruir una torre del año 35 a de C. Una torre que sirvió de vigía y defensa contra los piratas. Nos acompañó Lila Marangou, Arqueóloga y profesora de la Universidad de Ioannina, que, como las demás mujeres con las que convivimos en estos días, mostraba gran personalidad y potente voz. No permitió, en ningún momento, ni que fotografiáramos el yacimiento ni a ella misma. Al parecer, todavía no se ha abierto al público.

Y así fueron pasando los días, inmersos en mar azul y viento, compartiendo antiguos oficios como la molienda del sésamo en un artesanal molino de granito, desgastado por el uso de siglos, su mezcla con miel, el amasado y la posterior elaboración, hasta deleitar nuestro paladar con su dulce sabor. No se puede pasar por alto la gastronomía de Amorgós, riquísima en vitaminas, donde las ensaladas son protagonistas, así como los pescados y los pinchitos de cerdo, ternera o pollo, todo aderezado con exquisitos condimentos.

Siete intensas jornadas para participar de oficios religiosos en las pequeñas iglesias junto a los fieles, escuchando los cánticos, en griego y en latín, por los sacerdotes ortodoxos, degustando el pan que se ofrece a cada asistente al terminar la ceremonia, a la salida de la iglesia, tocando las campanas, si se desea, allí ante la expectación de los fieles, procesionando por el campo por las mismas sendas que abren los caminos de la fe. Fueron muchos los momentos en los que pudimos recuperar la fe y la inocencia ante la contemplación de la Fe con mayúsculas, esa fe que emana de la gente sencilla, de la que, por desgracia, queda tan poca.

Y además, las charlas amables, las conferencias y los documentales de los diferentes países participantes. Incluso pudimos ver el documental “Peter and the Wolf” al que este mismo año fue galardonado con un Oscar en Hollywood. Su autor, el polaco Zbigniew Zmudzki fue el encargado de presentárnoslo. Un encuentro donde se puso de manifiesto el buen hacer de los países participantes, su arte y su cultura y, fundamentalmente, el cine religioso, todo ello enfocado a un turismo culto y sensible que sabe apreciar, además de las bellezas naturales de los diferentes lugares, su legado cultural y artístico.

Amorgós, una isla perdida en el Mar Egeo, casi virgen, todavía sin explotar. Un placer para los sentidos.

Monday, February 23, 2009

El Bosque de Valorio y el Duero










Zamora muestra su bosque de Valorio y su río, crecidas sus aguas por las recientes lluvias.